Quiero que sepas algo que quizás no he sabido decirte bien entre tantos mensajes y emojis.
El día que te pregunté si te irías sola y me dijiste que me acompañarías, no tenía idea de lo que estaba empezando. Tú estabas tranquila, sin buscar nada, y yo solo quería caminar a casa. A veces las mejores cosas llegan así, sin querer queriendo, como tú misma dijiste. Y mira lo que provocaste en mí.
Hay cosas tuyas que guardo y que tal vez no sabes que noté. Tu olor suave que se queda en mi polo y me hace sentirte cerca aunque ya no estés. Tu voz, que desde la primera vez que la escuché me pareció encantadora y todavía me acelera el corazón cada vez que la escucho. La forma en que me ayudaste con mi celular sin que te lo pidiera. Cómo me preguntas si ya comí o si llegué bien. Esos detalles hablan más de ti que cualquier palabra, y cada uno de ellos me hizo enamorarme un poco más sin darme cuenta.
Me gusta que seas directa. Que cuando algo te incomoda, lo digas. Que cuando fui demasiado rápido, me frenaste con honestidad y no con juegos. Que seas selectiva y que hayas estado más de dos años sola porque prefieres estar bien sola que mal acompañada. Eso me dice que si algún día decides estar conmigo de verdad, será porque realmente lo sientes, y ese día será el más bonito de mi vida.
Sé que a veces te abrumo. Que mando demasiados mensajes, que voy más rápido de lo que tú necesitas, que mis celos aparecen cuando no deberían. Estoy trabajando en eso, no porque me lo pidas, sino porque te quiero bien, no solo mucho. Y quiero ser alguien que te sume, no que te agote.
Contigo descubrí que el amor no es solo lo que siento cuando te beso o cuando te tengo cerca. También es lo que siento cuando leo tus mensajes a las 12 de la noche, cuando me preocupo porque no has cenado, cuando pienso en ti mientras hago ejercicio y sonrío solo. Es un amor que me nació despacio pero que ya se quedó, y no tiene apuro por irse.
No te escribo esto para presionarte ni para pedirte nada. Te escribo porque me dijiste que te gustan los detalles, y quise darte uno que no se borre con una actualización, que no se pierda entre notificaciones. Algo que puedas guardar y releer cuando quieras recordar lo que significas para mí.
Gracias por dejarme conocerte. Gracias por tus mordidas, por tu risa, por esa mirada de «observadora» que todo lo nota aunque no lo digas. Gracias por contarle a tu mamá que existía un «amigo» que cumplía años el 8 de marzo. Gracias por cada momento en que me hiciste sentir que valía la pena intentarlo.
No tengo prisa. No necesito una respuesta. Solo necesito que sepas que lo que siento por ti es real, y que estoy aquí mientras tú decides si quieres caminar conmigo.
A tu ritmo, Yerika. Con K.